Camino de Santiago: Quinta etapa (20/7/2020). Campillo de Altobuey

(Etapa anterior)

En este día hice un recorrido de 70 kms siguiendo este camino…

Salí de Alcalá del Jucar sin saber exactamente hasta donde podría llegar después de subir, bici en mano, una larga cuesta de salida que si el día enterior fué pura adrenalina bajarla…., hoy era esfuerzo de titanes (al menos eso pensé yo) subirla dirección Campillo de Altobuey.

Tardé casi una hora y media en salir del desfiladero, repito bici en mano, donde había dormido y pensando en esos ciclistas que para ellos estas cuestas es solo un riñón acondicionado. Es decir titanes.

Una vez en Las Eras subí de nuevo a la bici y me dije, aún con algo de resuello, «Hasta donde llegue».

Cogí la CM-3201, esta vez sí, con la intención de sobrepasar de largo Casas-Ibañez, ya Camino de la Lana, pensando que eso del confinamiento había sido una falsa alarma o por lo menos limitada a Alatoz. Y así fué.

Estaba dentro de la España solitaria. Apenas tráfico y muy buen pavimento en la carretera que me hizo olvidar los temidos pinchazos. Rodaba pensando, no sin cierto sentido de culpabilidad, que en España eso del desarrollo desde que entramos en Europa se ha entendido como el hacer magníficas carreteras por doquier para disfrute de ciclistas circunstanciales.

El problema me temo que surgirá cuando haya que buscar dinero para mantenerlas.

Dejé atrás Casas-Ibañez, Villamalea, El Herrumblar, Villarta, Villalpardo…., donde la industria carnica es importante y que genera algo de tráfico de camiones buscando la autovía A-3 lo cual me producía cierto estrés a pesar de que mi espejo retrovisor (que complemento más útil) me avisaba de la proximidad permitiendo tomar precauciones si el camionero de turno, la minoría, no hacía ademán de guardar esos 2 metros máxime si venía lanzado lo cual era muy probable dado lo solitario del camino.

Llegué a Minglanilla pasadas las 3 de la tarde donde me paré a comer algo pues no había probado bocado en estos 50 kms recorridos hasta el momento. Lo hice en uno de esos bares que están situados a la entrada del pueblo en una vía de acceso impersonal y desangelada con algunos talleres cerrados a ambos lados, como por desgracia ocurre en muchos pueblos de España.

Decido después de comer adentrarme en el pueblo con el objetivo de encontrar rastro de lo que recuerdo fué en los años 60 y principio de los 70 cuando viajábamos a Valencia. Solíamos parar a comer antes de que la autovía hiciese su aparición y los coches ganaran potencia. Minglanilla dejó de ser punto de recalada.

Recuerdo, como anecdota de aquellos viajes, el llevar acompañantes de los que vivieron la guerra civil que relataban sus temores, al pasar por estas tierras en los años 50 e incluso 60, de ser asaltados por el maqui que se creó después del periodo de guerra.

Historia cierta sin duda pero desdibujada y ocultada por la prensa de la época lo que agrandó la leyenda y el temor según el bando. Estas partidas que desde el monte trataron de resistir a Franco nunca tuvieron gran capacidad operativa militar más allá del susto a algún viajero circunstancial.

Mis acompañantes en los viajes a Valencia eran de los que recordaban la historia con temor.

Con una temperatura agradable (35ºC) para esas horas del día opté por pasar, camino de la carretera CM-211 que me debía conducir hacia Puebla del Salvador, por la Plaza de la Iglesia donde se encuentra el ayuntamiento…

Con su reloj algo desfasado….

….. y la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción…

Disculpen por la foto con el campanario recortado…

Cuando estaba haciendo la foto me estaba centrando mentalmente sin querer en el banco de la derecha circunstancia que dió lugar a esa foto descabezada. Sin el campanario al completo.

El sueño me vencía y el cuerpo me pedía echarme en ese solitario banco a dormitar. Cosa que hice durante 1 hora. Una siesta a la vieja usanza acompañado del silencio y la soledad de la plaza. Me reconcilié con Minglanilla como en los viejos tiempos cuando los viajes de Madrid a Valencia duraban 10 horas incluida la parada y fonda (con sesteo) en este pueblo.

Cuendo desperte llené mi cantimplora en esta fuente….

El agua fresca después de mucho correr…, también potable.

….para completar la etapa…, sin saber donde sería el final y por lo tanto sin sitio techado donde pernoctar.

Cuando llegué a lo que sería el fin de mi etapa, Campillo de Altobuey, me paré a tomar una cerveza («sin») en la plaza del pueblo, como hacía habitualmente en las etapas anteriores, entablando conversación con los parroquianos del bar que manifestaron su predisposición a darme cobijo en el polideportivo como venían haciendo de forma habitual cuando se puso de moda el Camino de la Lana. Pero alguién les puso al día con el tema COVID-19 y del cierre por precaución y nula demanda de la acogida hospitalaria voluntaria. No merecía la pena el despliegue desinfectante de cara a evitar la propagación del dichoso bicho cuando la demanda era nula o muy escasa, por ejemplo yo como único peregrino desde que acabó el confinamiento. El tema se desinfló y por supuesto yo tampoco insistí.

Un rápido recorrido por los 2 hostales del lugar me confirmaron que el tema hospitalidad pública o privada estaba de capa caida. No había donde ducharse y dormir al alcance, en ese momento, de mi bici, es decir de mis piernas con 72 kms pedaleando. Ni caro ni barato.

«Toca dormir a la interperie», pensé, «pero en dónde que no moleste ni ser molestado».

Tenía cierto pudor con eso de dormir en un banco del pueblo a la vista de todos. Tampoco tenía ganas de que los paisanos se sintieran culpables por dejar al peregrino ahí tirado.

Sin embargo en este pueblo hay un hermoso santuario, llamado de la Virgen de la Loma, algo aparatado y por el que habia pasado camino del centro urbano. Adosada está una curiosa edificación que hace de plaza de toros según me relata un paisano que andaba de paseo por el mismo acompañado de su perro y que podemos ver en la siguiente foto como el edificio anejo a lo que es el santuario.

Todavía me acuerdo…, trabajaba en el mantenimiento de los aerogeneradores que pululan por estas sierras propiedad de Acciona o Iberdrola creo recordar.

Muy amablemente me indicó el mejor sitio donde extender mi saco y esterilla sin molestar ni que me molesten. Además estaba al lado de una fuente de agua limpia que podría utilizar para enjuagarme la boca o lavar los pies sin problema pues apenas circulaba nadie por el lugar.

Solo hubo un problema…, en la finca colidante al monasterio y separado por una pequeña verja se aposentarón dos perros que se pasaron toda la santa noche ladrandome. Pero toda, toda… ¿Qué porqué no me fuí?, por pereza. Según cerraba los ojos vencido por el sueño, acurrucado en el saco, volvían a escasos 3 metros de mi a ladrar. Ladraban 1 minuto y se iban. Esperaban 10 y volvían a ladrar durante 1 minuto. Y yo pensando: «Ya se cansarán».

Fachada del monasterio

Y no se cansarón, apenas dormí, y con las primeras luces de la mañana, a eso de las 06:00 am recogí y me acerqué de nuevo al centro del pueblo, a la plaza, a la espera de que abrieran el hogar del pensionista que como es habitual suele vivir al ritmo del pensionista que en este pueblo es agricultor. Por eso esperaba un horario de apertura relativamente temprano y una oferta de desayuno contundente. Y así fué, a las 08:00 am.

Terminado el almuerzo mañanero, cogí de nuevo la bici y apenas recorridos unos cuantos kilómetros por la CM-211 opté por desviarme unos cuantos metros por un camino vecinal y a la vera del camino debajo de una carrasca con sus años extendí de nuevo la esterilla y me quede, profundamente dormido.

Si pasó algún vehículo ni me enteré. Dormí 3 horas deliciosas. Las que no había podido conciliar al pié del santuario. Mi cuerpo empezaba a relajarse sin remilgos en cualquier rincon del camino sin necesidad de cama y ducha, sin el hostal de turno.

Y esto me quitó un problema de encima, buscar hospedaje al final de la etapa. Podía viajar tranquilo y dormir también…., donde tocara.

A media mañana me desperté, volví a la comarcal y continué la etapa de ese día (21 de julio) hasta……

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