Montaña y eclipse.

De manera un poco apresurada montamos toda la logística para nuestra marcha nocturna entre Cercedilla (Madrid) y Valsaín (Segovia). Pero el resultado fue espectacular….

El equipo era de lo más variopinto; combinaba la experiencia en esta ruta de mi padre, con la energía de los primos más jóvenes y la incertidumbre que generaba la inclusión en el grupo de mi hijo y su amigo Tomás, de 6 añitos de edad.

El punto de partida iba a ser la mítica Casa Cirilo, que tan buenos recuerdos me evoca, y la hora de partida las 20.30 de la noche, para evitar los últimos calores del día.

Nada más empezar la ruta todos los agobios veraniegos desaparecieron. Escasos metros y te ves envuelto en un denso bosque de pino silvestre mientras avanzas lentamente por el desigual pavimento de la antigua Calzada Romana.

Esta da paso, poco después, a la denomina Calzada Borbónica, ruta que no abandonamos ya hasta coronar el Puerto de la Fuenfría. A mitad de camino hicimos una parada técnica y de avituallamiento sobre el Puente del Dezcalzo, donde el grupo se juntó para acometer las rampas finales del puerto.

Una vez arriba, con los ojos puestos en el horizonte buscando la luna llena y el eclipse, descorchamos una botella de vino y sacamos viandas varias. Todos nos abrigamos también porque a esa cota y con la llegada de la noche, la temperatura baja mucho.

Lo sorprendente de esta primera parte de nuestra excursión, además del eclipse, fue la inmensa fortaleza que demostraron los más pequeños para alcanzar el Puerto de la Fuenfría, superando fatigas y aburrimiento.

Concluido el espectáculo iniciamos el descenso del puerto por su vertiente norte. Este se realiza por una cómoda pista forestal, salpicada de piedras en sus primeros metros, envueltos por el boque de Valsaín.

Estábamos solos en este trayecto, únicamente teníamos la compañía de algunas vacas que se movían libres entre la espesura y los murciélagos atraídos por nuestra iluminación.

   Sobre las 12.30 AM llegamos a las ruinas de Casa Eraso, antigua casa de hospedaje de la realeza y nobleza, quienes descansaban aquí en su transitar entre las dos mesetas y cuyas paredes nos dieron cobijo aquella noche.

Acondicionamos el campamento para que los más pequeños y los peor pertrechados no muriesen de frío. Aún en julio, las noches al raso en la montaña pueden resultar duras.

Dormimos poco. A las 07.30 de la mañana emprendimos la marcha nuevamente  rumbo a Valsaín pueblo.

El camino estaba animado; ruteros de montaña en poderosas bicicletas, runners esbeltos subiendo la pronunciada pendiente, peregrinos de Santiago…..La sierra y sus historias.

Cuando apretaba el calor llegamos a nuestro destino. En un antro local nos dimos un merecido homenaje a base de huevos, salchichas y cerveza.

¡Que no pare nunca esta increíble tradición montañera!

 

 

 

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