De nuevo por el norte.

Pues, efectivamente, la familia decidió volver al norte peninsular para disfrutar de unos merecidos días de vacaciones.

En esta ocasión la primera parada de nuestro periplo fue el hermoso pueblo de Alquezar, catalogado como uno de los más bellos de España. Llegamos tras cinco horas en el coche, de las cuales la última transcurre a lo largo de una carretera rodeada de campos de olivos, almendros y viñedos. De esta región son los famosos vinos del Somontano, que tantas alegrías seguro que nos han dado.

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El pre Pirineo es muy distinto a la imagen que tiene la gente; el calor aprieta, las zonas de cultivo son extensas, la vegetación nada tiene que ver con la propia de los paisajes de alta montaña  y la Sierra de Guara, donde estábamos, tiene además una identidad única muy marcada que la convierte en un enclave especial..

20170713_212648_resizedLa hermosa villa de Alquezar, que debe su nombre al castillo Al-Qasr construido por los musulmanes para defenderse de las huestes cristianas, cuelga desde lo alto de una colina para ir desparramándose ordenadamente por las laderas de un cerro. Todo es de color tierra, como el entorno, y sus callejuelas son estrechas y empinadas, como los desfiladeros que se abren por doquier en el paisaje.

Pero Alquezar no es sólo es bella por su historia, cuenta también con un entorno natural único que la rodea por sus cuatro costados. Destacaría en la cara norte de la localidad el Barranco de la Payuala; un estrecho desfiladero con paredones de cien metros de altura a cada lado, cubierto con vegetación de todo tipo, incluyendo unas higueras gigantes que inundan con su fragancia todo el recorrido. Al final del barranco se llega al conocido Río Vero, que en esta época del año no baja tan cargado. Un buen baño en sus aguas y un paseo previo por las Las Pasarelas es algo obligado antes de experiencias más fuertes…20170713_192919_resized

El “plato principal” de esta aventura llegaba al día siguiente; habíamos contratado con Guías de Buenaventura el descenso del Vero, un clásico dentro del mundo del barranco. A las 10 de la mañana nuestro guía Pau empezó a repartir el material técnico para el descenso y a dividir los pesos para la marcha que nos esperaba. Y es que la aproximación iba a ser dura; la distancia no era excesiva, pero sí el desnivel y el calor acuciante desde primera hora. 16Nigc4049oWyfBidBUXXoapyhxPC3sIZUnXPfJCPt0,pLDxDO5SRV2KOr9Zj1ErlyYnPE4pZEk9C25KYgANDWI_1504075115439

El inicio del barranco es espectacular; accedes al curso del río desde una pequeña cueva abierta al exterior y  que te sitúa en plena acción: Saltos, toboganes, buceo, escalada, rápeles….Durante casi 5 horas los “subidones” anímicos son constantes. Cada recodo del río ofrece entornos y momentos inigualables que conviene retenerlos en la memoria. Además, durante el trayecto descendente del curso del agua, es muy común ir acompañados de las grandes aves rapaces y carroñeras que pueblan esta sierra.

piVR3_LSgi2mg824Y8UNxXEPHHCjSif2C5BytpNsX4s_1504075115130Me sorprendió mucho la afición a este deporte por parte de nuestro vecinos franceses, que fuero los pioneros del descenso de barrancos en Guara. Aquí encontraron un clima idóneo, aguas templadas y un espectacularidad natural sin parangón para su deporte favorito.

El recorrido del Río Vero termina precisamente en la zona de Las Pasarelas, al pie del pueblo de Alquezar. Así que únicamente quedaba “apretarse los machos” y subir los 1000 escalones hasta la plaza principal donde disfrutar de unas merecidas cervezas bien fresquitas y comentar la experiencia vivida.UYWkKldYy5ZD_UbpXZxR5YCE-zeCE5N05YWkdguxTug_1504075114831

Al día siguiente no levantamos con mucha calma. El calor apretaba exageradamente la actividad de la jornada anterior había pasado factura a nuestros cuerpos. De hecho, para el rafting que teníamos programado para ese medio día, mi mujer se desvinculaba y lo cambiaba por tranquilada lectura.

La cita con los rápidos era en la pequeña localidad de Campo, a orillas del Río Ésera. El ritual del día anterior se repitió con nuestros amigos de Kayak Campo; neoprenos, cascos, palas, chalecos salvavidas y las nociones básicas para moverse en una neumática hinchable deslizándose por las agitadas aguas de un río de montaña.

Nada más empezar el descenso hicimos una prueba de rescate de “hombre al agua”, siendo mi hijo candidato voluntario en probar la fuerza del río . Fue incapaz de reproducir ninguna de las pautas de seguridad que nos habían enseñado minutos antes, como el no tratar de nadar, permanecer en posición horizontal o no soltar la pala, así que terminé lanzándome al agua también para ayudarle a regresar a la neumática.

El resto del trayecto fue más que placentero, disfrutamos de los rápidos del río, guiados y dirigidos por los brazos expertos de nuestra guía, al tiempo que deleitábamos la vista con el típico paisaje pirenaico.

Cuando alcanzamos la zona más técnica del río, Matías y yo tuvimos que abandonar la embarcación. Cómo es lógico no se la juegan con alguien tan pequeño.

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Nuestro último día de Guara nos dedicamos a pasear. Remontamos el Río Vero en sentido ascendente y tuvimos la fortuna de hacerlo solos. “A quien madruga, Dios le ayuda” y este nos regaló las más bonitas estampas de un rincón único en la península lleno de agua, vida y paisajes sobrecogedores. IMG-20170716-WA0005_1504075113725

Además visitamos por la tarde la hermosa villa de Aínsa, la que fue durante la Edad Media la ciudad más representativa de la comarca del Sobrarbe. Un paseo por sus calles, la visita a la iglesia o sentarse a tomar una cerveza en la Plaza Mayor te transporta en el tiempo unos cuantos siglos atrás. Si cierras los ojos y dejas volar la imaginación puedes sentir el paso de los carruajes por sus estrechas calles, las pisadas cansadas de los soldados al subir por las callejuelas del centro, los sonidos característicos de los oficios de la ciudad en la urbe…

Los siguientes días de nuestras vacaciones los pasamos en Cantabria, en compañía de mi infatigable madre a la cual recogimos en Santander. El primer punto de visita obligado iba a ser Cabárceno, el famoso parque de la naturaleza enclavado en unas antiguas minas de hierro. Mis sensaciones fueron contradictorias con respecto a este proyecto que fue pionero en su día en el aprovechamiento de los entornos naturales abandonados por el hombre. El sitio es espectacular, generalmente con espacios amplios, para que los animales vivan lo menos estresados posible y rodeados del verdor propio del norte de España. Pero tengo que decir  no estoy de acuerdo con el uso del coche para llegar a las distintas localizaciones. Nosotros no estuvimos en un momento álgido de visitantes, entre otras cosas porque no hacía ningún  calor, pero la congestión de vehículos se notaba. La gente tiene la necesidad de aparcar el coche ante las mismísimas narices del rey de la sabana o comparar su vehículo con el tamaño de un colosal rinoceronte….

Creo que la naturaleza se disfruta caminando, con un pequeño esfuerzo, o con otro medio de transporte no contaminante. El teleférico que recorre parte de Cabárceno tampoco me pareció una mala idea. Cualquier cosa, por favor, menos tener que respirar decenas de tubos de escape mientras soñamos estar lejos. IMG-20170831-WA0024_1504189128897

Tras disfrutar de un par de días de este entorno semi salvaje y sus alrededores, como la agradable localidad de Lloreda, emprendimos nuestra marcha con dirección a Santillana de Mar, uno de los pueblos más bonitos y turísticos del norte  peninsular. Allí pasamos otros dos días fantásticos, paseando por sus calles empedradas, disfrutando de la gastronomía local (Matías todavía pregunta por los sobaos y leche fresca de una pequeña panadería junto  la iglesia) y viendo pasar el tiempo en las viejas plazas siempre bien acompañado. Además Santillana nos sirvió de base de operaciones para nuestras escapadas por Altamarira, donde visitamos el museo y la Neo Cueva que reproduce el sitio original donde se descubrieron estas pinturas rupestres. La acción del hombre ha deteriorado mucho las pinturas originales, así que para la inmensa mayoría queda conformarse con una visita guiada por esta recreación.

Otra de nuestras visitas fue a la localidad de Comillas, donde pasamos un magnífico día de playa sin los agobios propios de la costa levantina. Hicimos una pequeña ruta por alguna de las localizaciones que salen en la película Primos, aunque no pudimos darnos una zambullida desde el espigón del puerto, como hizo El Bachi,  ya que nos cayó una buena tromba de agua cuando nos disponíamos a ello.

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La última etapa de nuestro periplo cántabro nos llevó a Fontibre, una pequeña localidad camino de la estación de esquí de Alto Campoo, cuyo núcleo urbano tiene cierto interés arquitectónico al tratarse del típico pueblo de alta montaña cántabro. Pero el principal interés de este lugar es el nacimiento del Río Ebro. Contrariamente a lo que uno pudiera imaginar, este río no tiene su origen en un pequeño regato de agua que corre entre las piedras, nace de una surgencia caudalosa tras un largo recorrido subterráneo por el monte GuarizaIMG-20170831-WA0021_1504189129059

Por un tema familiar tuvimos que cortar nuestras vacaciones en este punto y acudimos a Madrid por una visita obligada. Solventado este contratiempo y agobiado por los calores de la capital, Matías y yo decidimos retornar al norte para aprovechar los pocos días libres que nos quedaban. El plan pasaba ahora por quedar con unos amigos en Purón, pequeña localidad del interior de la costa llanisca, donde acamparíamos en compañía de Daniel, un buen amigo llegado del cálido Brasil.

Llanes nos recibió con una ligera llovizna, con ese Orbayu  tan característico de esta región, así que montamos la tienda rápidamente en una parcelita que habíamos reservado en el camping local. Instantes después estábamos dando una vuelta por la zona del puerto, admirando esa estampa tan característica de los paisajes costeros del norte peninsular, con sus verdes laderas, sus estribaciones montañosas que prácticamente tocan el mar, sus recios puertos marítimos que protegen la flota de los embates del océano….

Ya con los estómagos rugiendo nos perdimos en el bullicio de las calles de la localidad, parándonos en las sidrerías a refrescar los gaznates en compañía de Elena y Estefanía, que también se nos unieron al plan. Terminamos nuestra ruta delante delante de un plato inmenso de Cachopo con patatas y pimientos.

Para bajar la sensación de pesadez de los excesos de la noche anterior lo mejor es un buen paseo…. Aquella mañana tuvimos suerte ya que el sol lucía esplendoroso, así que los tres chicos iniciamos ruta hacia una de las playas más espectaculares de la zona; el Cobijeru. ¿Y por qué es tan espectacular? Porque es una playa escondida, creada por la erosión del mar sobre los acantilados costeros cercanos generando una laguna de aguas transparentes sobre un prado interior. La acción de las olas ha creado también un entorno de cuevas y galerías subterráneas próximas llenas de posibilidades para los ávidos de aventuras. ¡Ojo, sin luz de apoyo mejor ni intentarlo!IMG-20170727-WA0007_1504075114535

Tras unas cervezas y unos chipirones en Pendueles, localidad que tan buenos recuerdos me trae, nos dirigimos a Playa Cuevas del Mar donde nos esperaban nuestras amigas y sus familiares. Como todas la playas del norte me pareció espectacular. Sí destacaría por novedoso las vías de escalada abiertas por los locales. Puedes alternar la mañana entre la pared y las olas.

Cerramos la jornada con pastel de cabracho, fabada y unas botellas de sidra. Y digo cerramos, no por la hora a la que comimos, sino porque las ingentes raciones en el norte sólo favorecen unas tardes carentes de ánimo y el reposo más absoluto.

Para cerrar nuestro viaje decidimos hacerlo a lo grande; el último día lo pasamos en la playa nudista de Torimbia rodeados de amigos. Fue una jornada magnífica en otra de las playas más conocidas del litoral asturiano. La inmensidad de la la misma, su arena , las verdes laderas que la protegen, sus transparentes aguas….Torimbia es una joya.

El colofón final llegó de la mano de Daniel, quien nos hizo una auténtica parrilla en el palacete indiano de Purón. El broche de oro para un viaje por el norte que nunca decepciona.

 

 

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