Camino de Santiago: Quinta etapa (20/7/2020). Campillo de Altobuey

(Etapa anterior)

En este día hice un recorrido de 70 kms siguiendo este camino…

Salí de Alcalá del Jucar sin saber exactamente hasta donde podría llegar después de subir, bici en mano, una larga cuesta de salida que si el día enterior fué pura adrenalina bajarla…., hoy era esfuerzo de titanes (al menos eso pensé yo) subirla dirección Campillo de Altobuey.

Tardé casi una hora y media en salir del desfiladero, repito bici en mano, donde había dormido y pensando en esos ciclistas que para ellos estas cuestas es solo un riñón acondicionado. Es decir titanes.

Una vez en Las Eras subí de nuevo a la bici y me dije, aún con algo de resuello, «Hasta donde llegue».

Cogí la CM-3201, esta vez sí, con la intención de sobrepasar de largo Casas-Ibañez, ya Camino de la Lana, pensando que eso del confinamiento había sido una falsa alarma o por lo menos limitada a Alatoz. Y así fué.

Estaba dentro de la España solitaria. Apenas tráfico y muy buen pavimento en la carretera que me hizo olvidar los temidos pinchazos. Rodaba pensando, no sin cierto sentido de culpabilidad, que en España eso del desarrollo desde que entramos en Europa se ha entendido como el hacer magníficas carreteras por doquier para disfrute de ciclistas circunstanciales.

El problema me temo que surgirá cuando haya que buscar dinero para mantenerlas.

Dejé atrás Casas-Ibañez, Villamalea, El Herrumblar, Villarta, Villalpardo…., donde la industria carnica es importante y que genera algo de tráfico de camiones buscando la autovía A-3 lo cual me producía cierto estrés a pesar de que mi espejo retrovisor (que complemento más útil) me avisaba de la proximidad permitiendo tomar precauciones si el camionero de turno, la minoría, no hacía ademán de guardar esos 2 metros máxime si venía lanzado lo cual era muy probable dado lo solitario del camino.

Llegué a Minglanilla pasadas las 3 de la tarde donde me paré a comer algo pues no había probado bocado en estos 50 kms recorridos hasta el momento. Lo hice en uno de esos bares que están situados a la entrada del pueblo en una vía de acceso impersonal y desangelada con algunos talleres cerrados a ambos lados, como por desgracia ocurre en muchos pueblos de España.

Decido después de comer adentrarme en el pueblo con el objetivo de encontrar rastro de lo que recuerdo fué en los años 60 y principio de los 70 cuando viajábamos a Valencia. Solíamos parar a comer antes de que la autovía hiciese su aparición y los coches ganaran potencia. Minglanilla dejó de ser punto de recalada.

Recuerdo, como anecdota de aquellos viajes, el llevar acompañantes de los que vivieron la guerra civil que relataban sus temores, al pasar por estas tierras en los años 50 e incluso 60, de ser asaltados por el maqui que se creó después del periodo de guerra.

Historia cierta sin duda pero desdibujada y ocultada por la prensa de la época lo que agrandó la leyenda y el temor según el bando. Estas partidas que desde el monte trataron de resistir a Franco nunca tuvieron gran capacidad operativa militar más allá del susto a algún viajero circunstancial.

Mis acompañantes en los viajes a Valencia eran de los que recordaban la historia con temor.

Con una temperatura agradable (35ºC) para esas horas del día opté por pasar, camino de la carretera CM-211 que me debía conducir hacia Puebla del Salvador, por la Plaza de la Iglesia donde se encuentra el ayuntamiento…

Con su reloj algo desfasado….

….. y la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción…

Disculpen por la foto con el campanario recortado…

Cuando estaba haciendo la foto me estaba centrando mentalmente sin querer en el banco de la derecha circunstancia que dió lugar a esa foto descabezada. Sin el campanario al completo.

El sueño me vencía y el cuerpo me pedía echarme en ese solitario banco a dormitar. Cosa que hice durante 1 hora. Una siesta a la vieja usanza acompañado del silencio y la soledad de la plaza. Me reconcilié con Minglanilla como en los viejos tiempos cuando los viajes de Madrid a Valencia duraban 10 horas incluida la parada y fonda (con sesteo) en este pueblo.

Cuendo desperte llené mi cantimplora en esta fuente….

El agua fresca después de mucho correr…, también potable.

….para completar la etapa…, sin saber donde sería el final y por lo tanto sin sitio techado donde pernoctar.

Cuando llegué a lo que sería el fin de mi etapa, Campillo de Altobuey, me paré a tomar una cerveza («sin») en la plaza del pueblo, como hacía habitualmente en las etapas anteriores, entablando conversación con los parroquianos del bar que manifestaron su predisposición a darme cobijo en el polideportivo como venían haciendo de forma habitual cuando se puso de moda el Camino de la Lana. Pero alguién les puso al día con el tema COVID-19 y del cierre por precaución y nula demanda de la acogida hospitalaria voluntaria. No merecía la pena el despliegue desinfectante de cara a evitar la propagación del dichoso bicho cuando la demanda era nula o muy escasa, por ejemplo yo como único peregrino desde que acabó el confinamiento. El tema se desinfló y por supuesto yo tampoco insistí.

Un rápido recorrido por los 2 hostales del lugar me confirmaron que el tema hospitalidad pública o privada estaba de capa caida. No había donde ducharse y dormir al alcance, en ese momento, de mi bici, es decir de mis piernas con 72 kms pedaleando. Ni caro ni barato.

«Toca dormir a la interperie», pensé, «pero en dónde que no moleste ni ser molestado».

Tenía cierto pudor con eso de dormir en un banco del pueblo a la vista de todos. Tampoco tenía ganas de que los paisanos se sintieran culpables por dejar al peregrino ahí tirado.

Sin embargo en este pueblo hay un hermoso santuario, llamado de la Virgen de la Loma, algo aparatado y por el que habia pasado camino del centro urbano. Adosada está una curiosa edificación que hace de plaza de toros según me relata un paisano que andaba de paseo por el mismo acompañado de su perro y que podemos ver en la siguiente foto como el edificio anejo a lo que es el santuario.

Todavía me acuerdo…, trabajaba en el mantenimiento de los aerogeneradores que pululan por estas sierras propiedad de Acciona o Iberdrola creo recordar.

Muy amablemente me indicó el mejor sitio donde extender mi saco y esterilla sin molestar ni que me molesten. Además estaba al lado de una fuente de agua limpia que podría utilizar para enjuagarme la boca o lavar los pies sin problema pues apenas circulaba nadie por el lugar.

Solo hubo un problema…, en la finca colidante al monasterio y separado por una pequeña verja se aposentarón dos perros que se pasaron toda la santa noche ladrandome. Pero toda, toda… ¿Qué porqué no me fuí?, por pereza. Según cerraba los ojos vencido por el sueño, acurrucado en el saco, volvían a escasos 3 metros de mi a ladrar. Ladraban 1 minuto y se iban. Esperaban 10 y volvían a ladrar durante 1 minuto. Y yo pensando: «Ya se cansarán».

Fachada del monasterio

Y no se cansarón, apenas dormí, y con las primeras luces de la mañana, a eso de las 06:00 am recogí y me acerqué de nuevo al centro del pueblo, a la plaza, a la espera de que abrieran el hogar del pensionista que como es habitual suele vivir al ritmo del pensionista que en este pueblo es agricultor. Por eso esperaba un horario de apertura relativamente temprano y una oferta de desayuno contundente. Y así fué, a las 08:00 am.

Terminado el almuerzo mañanero, cogí de nuevo la bici y apenas recorridos unos cuantos kilómetros por la CM-211 opté por desviarme unos cuantos metros por un camino vecinal y a la vera del camino debajo de una carrasca con sus años extendí de nuevo la esterilla y me quede, profundamente dormido.

Si pasó algún vehículo ni me enteré. Dormí 3 horas deliciosas. Las que no había podido conciliar al pié del santuario. Mi cuerpo empezaba a relajarse sin remilgos en cualquier rincon del camino sin necesidad de cama y ducha, sin el hostal de turno.

Y esto me quitó un problema de encima, buscar hospedaje al final de la etapa. Podía viajar tranquilo y dormir también…., donde tocara.

A media mañana me desperté, volví a la comarcal y continué la etapa de ese día (21 de julio) hasta……

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Camino de Santiago: Cuarta etapa. Entro en la España «solitaria». Alcalá del Jucar

(Etapa anterior)

Siguiendo la recomendación de un amable lector expongo en primer lugar cual es el itinerario previsto según Cycle Travel:

Ruta que me ofrecía la web Cycle Travel

Es decir, para esta cuarta etapa planifico como punto final Casas-Ibañez a nada menos que 80 kms de Almansa muy por encima de lo hasta ahora recorrido en etapa alguna o en la fase de preparación. Vamos que tenía ganas de probar mis piernas.

Casas-Ibañez es hito del Camino de la Lana (Camino de Santiago) que andando se convierten en dos etapas intermedias, Alpera a 23 kms de Almansa y Alatoz a 24 kms de Alpera.

Cuando pregunté en una gasolinera de Almansa cual era la salida hacia Alpera, primer pueblo de importancia camino de Casas-Ibañez, el empleado me recomendó con buen criterio ir en dirección a Ayora y desviarme a la altura de Casas de Madrona (pedanía de Ayora) a los 14 kms en dirección Alpera evitando los 15 kms de autovía A-31, dado que la misma además de autovía no disponía, a vista de street view, de camino auxiliar alguno útil para bicicletas. Lo cual creo que pone en entredicho la información aportada por la web para hacer la ruta en bici. La alternativa es sin duda la N-330 que al menos dispone de arcén.

Dar este pequeño rodeo por Casas de Madrona suponía poner la etapa en 86 kms, solo 6 kms más de los previsto. Pero bueno ¡¡adelante!!, dirección a Ayora aunque finalmente algo truncó los planes…, el COVID-19.

El tramo desde el desvío en Casas de Madrona hasta Alpera es muy solitario, tranquilo, bello y por lo que pude percibir dedicado a los escasos ciclistas con los que me cruce, con un detalle que viene a demostrar el despilfarro que se traen entre manos las entidades públicas y el daño que infringen al ecositema natural.

Hasta el kilometro 20 la carretera se llama CV-437, pertenece a la comunidad valenciana. Tiene dos vías con su arcenes de casi 1 metro solo para mí en la casi hora y media de travesía salvo una peña de 6 ciclistas con los que me crucé al inicio de la misma.

https://goo.gl/maps/zTdkvPZheQCmNGyP8

A partir del kilometro 20 y hasta Alpera la carretera pasa a ser de 1 vía y sin arcen que valga. Se llama AB-217 y pertenece a Albacete. También solo para mí en la hora de travesía hasta Alpera.

https://goo.gl/maps/dzqvWK7rmivCMLNf7

Lo que se dice ¡¡prácticamente nadie en el camino!! y la pregunta que me hago, «¿había necesidad ampliar el tramo valenciano si por la parte castellanomanchega el camino iba a continuar como antaño?. ¿Tan dificil es ponerse de acuerdo entre administraciones locales?».

Como ya he dicho en otro post: «Van a su huevo» (con este postureo político catetamente local).

En Alpera parada y agua, y reanudo el camino hacia Alatoz pero al llegar a la gasolinera de entrada a 2 kms de Alatoz…

Situada en este punto de la etapa

… el empleado de la misma me comunica que:

«En Alatoz estamos confinados y no te van a dejar pasar…»

Eso si me lo dice con cierta sorna al ver aparecer posiblemente el único ser humano del día a eso de las 03:00 pm, con una temperatura de 38ºC en el exterior y sin intención de echar gasolina. Iba buscando ¡¡aguaaaa!!.

Mi planes hacia Casas-Ibañez quedan en entredicho.

Decido tomar la única posible para avanzar, la CV-3201 camino de Alcalá del Jucar. Me desviaba del Camino…, pero no me arrepiento.

Esta carretera, a esas horas, era una larga recta rodeada de una gigantesta llanura de cereal recien segado con algunas grandes encinas aquí y allá.

El viaje, un suave descenso hacia el Jucar, todo una gozada, tanto es así que decidí quedarme en Alcalá del Jucar aunque solo había recorrido 67 kms. Deseaba disfrutar del lugar y a ser posible comer, mi estómago rugía de hambre.

Larga recta camino de Alcalá de Jucar: Ni un solo vehículo
Llanura cerealística camino de Alcalá del Jucar

Tengo que reconocer mi escasa habilidad para hacer fotos BONITAS con las que poner en valor el pueblo de Alcala del Jucar, pero bueno son las que hice al llegar sorprendido por el brusco cambio de paisaje….

Bajando a toda pastilla hacia el río Jucar. Mañana toca subir.

Un poco antes era una gran llanura ahora una villa albaceteña asentada en el cañón que ha esculpido durante miles de años el rio Jucar.

Tocaba buscar donde descansar. Encontré un hotel que resultó pichi-pacha, hice la colada, cené a la orilla del rio en un chiringuto de gente muy amable y a dormir.

El camino seguido ya no era el Camino de la Lana. Tocaba retomarlo en la siguiente etapa que no supe valorar donde acabaría.

Tenía 5 días (Viernes, 24 de Julio) para llegar a Madrid y encontrarme con mi hijos ese fín de semana.

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Camino de Santiago: Tercera etapa. Almansa

(Etapa anterior)

Descarto la ruta indicada por Cycle Travel. Había leido eso de «unpaved trail» y decido buscar camino asfaltado. Luego pude comprobar que apenas era algunos kms sin asfaltar y me arrepentí no haber optado por esta ruta.

Definitivamente lo de los pinchazos me tiene obsesionado. Me arrepiento del modelo de bici que llevo pues te limita, sobre todo mentalmente, el rodar tranquilo sobre suelo cambiante si tus cubiertas no tienen tacos como dios manda. Y las que yo llevaba apenas tenían dibujo con relieve eran más propia de paseo marítimo que de carretera o camino rural.

Así que una vez llegado a Caudete a unos 12 kms de Villena, opté por buscar la que me parecía la más adecuada, la CM-3220. Eso de CM entiendo que es por lo de Castilla La Mancha.

Pero la cosa no es tan fácil. Atentos al lio de vías.

Ya al salir de Villena por la CV-809, cambia la denominación una vez cruzada la muga con Castilla La Mancha, entrando en la provincia de Albacete. La vía o carretera se llama ahora AB-303. Lo de AB entiendo que es porque es cosa hecha (vamos pagada) por la diputación de Albacete aunque no se si existe tal organismo público.

Y una vez que sales de Caudete lo haces por la AB-3004 que a medio camino antes de encontrarse con la CM-3220 pasa a llamarse RM-A14 pues se entiende que hemos cruzado la muga con Murcia.

Finalmente el tramito murciano de 2 kms converge con la RM-426 que viene desde Yecla (recuerda que estamos en Murcia) para llamarse definitivamente CM-3220 hasta Almansa una vez que cruzamos de nuevo la muga a escasos 500 metros desde la convergencia.

Es decir en un pañuelo 3 comunidades, 3 provincias distintas y muchas denominaciones para indicar el camino.

Esta claro que aquí, cada administración, va a poner su huevo sin importarle un carajo que, en definitiva, los administrados solo queremos coger el camino correcto.

Una vez en la CM-3220 se inicia un suave ascenso con la vista puesta en un frente de aerogeneradores que configuran un impresionante parque eólico que cuando lo rebasé supe que había hecho cumbre después de casi 2 horas de pedaleo por esta vía.

El accidente laboral en el parque eólico de Acciona en Almansa fue por una descarga eléctrica que le provocó quemaduras muy graves
Llegué a la cima de este interminable repecho. Para estas subidas constantes se agradece el juego de piñones amplio que lleva la bici. A mi ritmo.

Después una vertiginosa bajada a muy buena velocidad para lo que yo estoy acostumbrado, en un tramo sin apenas coches, hasta toparme con la N-430a a escasos metros de Almansa.

Este día apenas había invertido 5 horas en la etapa y como era la hora de comer me acordé de la recomendación de mi hermano y allí que fuí a buscar el restaurante Mesón el Pincelín. No tenía hambre tenía… lo siguiente.

Pero mi gozo en un pozo. No había mesa. Tenía que esperar lo cual me hizo pensar que quizás mis pintas de ciclista no fuese lo mejor para ser convenientemente atendido.

Mejor así porque el restaurante no era precisamente económico. Mis ansias de comer aflojaban la tarjeta.

Hecho. Un pincho y al Hostal El Estudio donde el recepcionista se volcó para que me encontrara lo más comodo posible.

Y si. El anterior inquilino había dejado un repugnante olor a tabaco negro. Tabaco tipo Ducados o Celtas que dudo que existan ahora pero era a lo que olia la habitación. Así me lo advirtió el recepcionista («puede que…»), incluso me dió la posibilidad de cambiar si me sentía incómodo. Pero no lo hice mis ganas de ducharme y echarme una siesta era mayor. Y la necesidad de lavar la ropa también.

Y también de dirigirme a la España vaciada. No tenía ni reservas ni referencias hasta Cuenca 220 kms por delante.

El Camino de la Lana como parte del Camino de Santiago estaba desmantelado a partir de Almansa.

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Camino de Santiago: Segunda etapa. Por fín conozco a Maria Angeles. Villena

(Etapa anterior)

A María Angeles le había cambiado tanto los planes que era obligatorio parar y dormir en Villena, en el Hotel Salvadora, a pesar de ser apenas una etapa de 55 kms muy lejos de mis cálculos si quería estar en Madrid en fecha para hacer esa etapa familiar en fin de semana. Por suerte ninguno de mis hijos había perdido el trabajo con esto del covid. Eso si, Alejandro debería estar Domingo (26 de Julio) por la tarde, si o si, en Las Rozas y por ello había que salir el Sábado (25 de Julio) temprano y yo haber llegado el Viernes (24 de Julio) a mi hotel en Majadahonda.

En esta etapa tuve la sensación de andar siempre por camino equivocado a pesar de la documentadas indicaciones de Cycle Travel, web para ciclistas viajeros recomendada por los expertos de Decathlon.

Anoté, momento antes de partir desde Monforte, la nomenclatura de todas las carreteras «locales», básicamente Cs y CVs, que debería transitar camino de Villena y que tal como indica la wikipedia están muy poco transitadas.

Ya he comentado mi nula intención de usar los tracking vía GPS. Entre otras cosas porque están orientados para atletas del Camino, es decir te llevan por el lado duro del territorio que para andar puede estar bien pero para bici (?)….. La web de Cycle Travel, te da la opción de transitar buena parte del Camino por ruta mucho más cómoda que es para lo que yo estoy preparado.

Con todas las referencias de caminos y carreteras anotados (CV-833, C-71…, y otras sin nomenclatura conocida) ya solo era cuestión de preguntar a cualquier paisano o empleado de gasolinera, de las que abundan en la periurbe de los pueblos que tenía que transitar, para conocer por donde se accede al tramo en cuestión.

Pero que si quieres arroz catalina. El personal ya solo conoce la autovía (A-31), lo demás es algo que usan cuando van al cementerio y poco más. No para ir a Elda, Sax o Villena.

Por lo pronto pasé equivocadamente por Novelda, al poco de salir de Monforte, perdiendome esta posibilidad mucho más acorde con lo que iba buscando….

https://goo.gl/maps/jUEPpF73Cg9xHi8F6

…. que no hubo manera de encontrar. O das con el paisano que a diario marcha al huerto de naranjo o nadie te da la referencia exacta sin que haya peligro de que acabes en Alicante otra vez. Y menos el GPS del móvil.

Sin embargo a la salida de Novelda camino de Elda decido, según indicaciones de un vecino andarín, tomar el camino que se coge justo al pié del castillo de la Mola y donde se ubica el santuario de Santa María de Magdalena (de estilo gaudi según se observa).

Este es el santuario

«Ese camino te deja en Elda», me dijo

El camino recomendado no tenía mala pinta…..

Abundantes piedras tipo guijarro de río

Tenía su encanto incluyendo un río, con sus pozas, donde pude bañarme y refrescarme dado que a esas horas el calor apretaba. Por desgracia, cuando tuve ocasión de hacerlo en otros momentos del viaje, el color del agua a agricultura intensiva me recomendo no hacerlo. No lo hice, aquí si…..

No era un camino transitable para la bici («¡¡por dios no más pinchazos en las próximas semanas!!. No tentemos al diablo», pensé para mis adentros) ni tampoco para mi culo y por ello opté por echar pié a tierra y recorrerlo con la bici en la mano.

Estaba dispuesto a invertir el tiempo que fuese necesario. Villena estaba relativamente cerca y después de las horas del día anterior mis piernas podrían resistir unas cuentas vueltas y demoras sin problemas.

En un momento determinado, en mi aproximación a Elda, pasé del camino pedregoso a un infierno de carretera periurbana lleno de camiones hostiles a todo lo que circula por el arcén…, como si no existieran los ciclistas a pesar de las normas de tráfico. No encontré otra posibilidad.

Camiones y cuesta, lo que más me apetece

El objetivo era cruzar todo Elda, y de paso Petrer pues una vez en el casco urbano era un ir y venir («Vaya hasta el final de esta calle y luego pregunte»), con el objetivo de ir a Sax por la CV-833.

Después de mucho preguntar alguien me indica que debo llegar al hospital, dejarlo a la izquierda y subir un pequeño repecho para coger la CV-833 dirección a Sax.

Por fin iba a transitar una autonómica de esas que conectan la España vacía, según la wiki.

https://www.google.com/maps/@38.4934361,-0.8045678,708m/data=!3m1!1e3

Pero de eso nada. En la Alicante (industrial) está todo muy urbanizado a lo bestia. Apenas queda territorio abierto en los lindes de las autonómicas por las que me estaba moviendo. Algunos huertos y mucha vivienda unifamiliar. Resultado bastante circulación interurbana y más en Viernes.

Tendría que pasar dos días más adentrándome en el interior penínsular, en Castilla-La Mancha, para conocer los caminos vacios de los que habla la wiki.

Superado Sax, continuo en dirección a la estación de Villena (AV) por la carretera C-71 que me muestra un entorno con bastante encanto pero efímero. Poco después me topo con la autovía de Alicante optando por tomer una las abundantes vías que el AVE ha dejado a su paso por Villena.

Bueno, el viaducto ha evitado, a medias, acabar con este bonito paraje

Por fin en Villena con un día de retraso y apenas 70 kms recorridos de los 1.100 que hay hasta Santiago.

Por ahora un recorrido mayoritariamente degradado. La culpa sin duda mía por no saber ni poder usar las rutas más asilvestradas.

Conocí a Maria Angeles del Hotel Salvadora a quien di cuenta de mis despistes en la carretera motivo por el cual mi retraso. Me respetó el precio pactado a pesar de ser Viernes. Volví a visitar el importante pueblo de Villena hoy desmadrado por tanta edificación.

Finalmente necesitaba urgentemente reforzar mi sistema de aviso a conductores en previsión de que tuviera que sufrir aún más el acoso del vehículo de 4 ruedas. Mi experiencia en estos primeros 70 kms desde Alicante más los 10 hasta el Pilar de la Horadada me decía que no era suficiente el piloto rojo de atrás. Necesitaba 2 más intensos en su intermitencia roja. Leds a ser posible. En vano, las tiendas de bici estaban cerradas.

Mañana una etapa también corta. Es una parada obligatoria pues de allí tengo entrañables recuerdos relativamente recientes. Almansa. También tenía una reserva en un hostal y una recomendación de mi hermano Pablo para comer en un determinado restaurante.

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Camino de Santiago: Primera etapa. Después de muchas vueltas en Orito me quedé

(Etapa anterior)

La noche anterior había dejado la bici perfectamente estibada. Lista para subir en ella y pedalear hasta Santiago. Pero lo primero que tenía que hacer era colocarme en el punto de salida, Alicante, obtener la credencial, que me la sellaran y con ello dar fe del principio de mi Camino.

Me levante a eso de las 06:00 am y después de cargar baterías (desayunar), me despedí de mi casa hasta dentro de 2 meses iniciando el trayecto, aún de noche, con todas las precauciones del mundo pues desconocía los riesgos de ir por los arcenes de las locales en dirección a el Pilar de la Horadada a esas horas, y donde debería abordar el bus a las 08:00 am destino Alicante.

Entrando en Alicante con la bici debajo. En esta compañía de buses (Costa Azul) no te exigen que desarmes o empaquetes tu bici. Eso si…, con tanto bulto y maleta revoloteando puede ocurrir cualquier cosa. Es la contrapartida.

Trayecto de 1 hora (12 kms) entre San Javier y el Pilar de la Horadada resultado de unas piernas aún no hechas al pedaleo y que fué todo bien hasta llegar a las estribaciones de mi destino donde pude sentir frenazos en seco y algún improperio del típico conductor que llega a su trabajo o viene de una juerga bacaladera, no lo se, y que conduce con la idea de que la carretera es suya. Cabe remarcar la nula planificación de carriles bici en esta región mediterránea donde creen eso de que la bici es un atraso o una incómoda modernidad y por lo tanto no se le tiene en cuenta a la hora del trazado interurbano y su mantenimiento. Y si se le tuvo, cuando los fondos FEDER llegaban, ahora está desaparecido por los baches y el matorral invasivo.

«¡¡Por Dios!!», pensé, «¡¡que esta actitud no sea la norma por estas carreteras (locales) de Dios!!».

Todo mi camino había sido diseñado en base a trayectos locales en la España vaciada. Pude comprobar que, en efecto, muchos kilómetros de caminos y carretera de esta España están vacíos y que los escasos vehículos que circulan son extremadamente prudentes posiblemente por la curiosidad que puede producir un ciclista en su bici con alforjas en medio de un páramo a 38º C.

Sin embargo allí donde un pueblo deja de ser eso mismo para convertirse en una entidad agroindustrial a medio camino entre el polígono industrial y una ciudad dormitorio habrá problema para el ciclista no solo por los peligros que encierra circular por su periferia…., también por el desencanto que generan. Y de estos por desgracia hay muchísimos, empezando en la provincia de Alicante.

Repito no estaba preparado para andar por camino-camino, ni la bici ni las piernas, y eso dio lugar a contemplar paisaje muy degradado y agresivo en algún momento del trayecto. Pero bueno esto ya lo suponía.

Mi salida de la ciudad de Alicante fue complicada hasta el punto de tomar el camino equivocado. Cuando Elche estaba a pocos kilómetros me percaté que no sería la mejor solución si deseaba dormir en Villena donde había pactado con Maria Angeles hospedarme esa misma noche en su hotel, el Salvadora, por un precio adecuado a mi condición de peregrino.

Aviso a Maria Angeles de que no me espere esa noche (una de tantas veces a lo largo del día), retorno a Alicante y me dirigo en dirección a Agost como la correcta para llegar a Villena.

A pocos kilometros de este destino intermedio pincho. Era la delantera. Me lanzo raudo a solventar este contratiempo y en apenas 1/2 hora cambio la cámara, monto de nuevo la rueda e inflo hasta donde puedo, siguiendo camino hasta la primera gasolinera donde meter 3 bares de presión.

Hasta que un paisano en Agost me comunica en un momento de descanso de que llevo la rueda delantera muy baja. Y tanto estaba pinchada de nuevo.

Me pongo en manos de un profesional (taller de bicis) para el parcheo pues a esas alturas me sentía incapaz de colocar ningún parche usando el recurso del burbujeo en el agua del aire que se escapa de la goma y además no tenía otra cámara alternativa (nueva) para esa rueda (700 mm o 28″).

El profesional, todo un campeón en eso de la bici de montaña, me parcheo la cámara que apenas había retirado 1 hora antes a escasos kms de Agost y me puso y ajusto la rueda con sus 3 bares.

Previamente me retiró de la cubierta esa púa de naranjo que me hizo pinchar la primera y la segunda vez. Con mis prisas por llegar había olvidado esta rutina la primera vez que pinché, es más, ni me acordaba de que eso es parte de la reparación. Ya no se me olvidará.

Dejé si parchear la cámara recién cambiada pues el profesional no tenía tiempo y yo tenía prisa por llegar a Orito donde, a esas horas (08:00 pm), mi cuerpo pedía descansar. Llevaba 12 horas pedaleando.

Hermoso pueblo Orito pero con una desagradable circunstancia…..

Repasos del Ayer: Ruta de San Pascual. Orito. Alicante
Foto tomada prestada de:
http://www.repasosayer.com/2014/11/ruta-de-san-pascual-orito-alicante.html

…. el albergue, que no se si público o privado, estaba cerrado (COVID 19)…., debería continuar hasta Monforte del Cid. Y hasta allí llegue. Había estado casi 14 horas en bici en mi primer día del Camino, apenas había recorrido 24 kms desde Alicante pero antes de caer dormido en unos de los hostales más cutres que he conocido en este Camino, me dije para mis adentros: «Mañana más pero seguro que mejor, Villena me espera«.

(Apenas 50 kms hasta Villena pero Mª Angeles (Hotel Salvadora) me esperaba después de muchos dimes y diretes. Tenía ganas de conocerla por su paciencia y cordialidad)

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Camino de Santiago desde Alicante: Los preparativos

Bueno esto de prepararse dura desde que acaba la fase 3 del estado de alarma hasta que parto el día 16 de Julio después de muchas llamadas para preguntar eso de “¿abrirán ustedes?” y “¿cuándo?”, con pocas respuestas telefónicas y las pocas eran para decirte que no iba a ser posible reencaminándote hacia la oferta privada de alojamiento.

Aceptado que el camino habría que transitarlo haciendo uso de la oferta hospitalaria privada, se trataba de escoger el camino con mejor oferta y a ser posible el más atractivo incluyendo el tema costes. Y teniendo en cuenta, finalmente, que no soy ni era ningún atleta y con escasa experiencia en el uso de la bici en terreno de orografía heavy y/o con muchas pendientes.

Otro factor que tuve en cuenta era la posibilidad de acabar trayectos en puntos donde un tren de media distancia (MD) o cercanías pudiese ser abordado.

Lo de MD o cercanías se debe al hecho de que viajando en otra categoría de tren te encuentras con la natural aversión de RENFE al transporte de bicicletas. Por supuesto la MD y el “cercanías” supone una oferta muy limitada y apenas comunican a lo que se ha dado en llamar la España vaciada que es por donde tenía intención de pasar.

Finalmente estaba lo de posicionarse en el punto de partida sin tener que desarmar la bici por exigencia del empresa de transporte por carretera, o sea el autocar, y que tanto me había costado configurar con su trasportín, alforjas, saco, tienda, luces, agua, cuenta vueltas, bombín, retrovisor, etc.

Me negaba a tener que desarmar la bicicleta para un trayecto no mayor de 2 horas entre otras cosas porque cabía la posibilidad de no saber poner de nuevo las cosas en su sitio.

Cabe decir que en la labor de configuración me ayudaron los expertos del taller de bicicletas que la empresa Decathlon tiene en San Javier que es además donde la adquirí siguiendo sus indicaciones pues fué a los primeros que conté mi objetivo:

Yo: “Quiero llegar a Santiago de Compostela con la bici que me vendáis”

D: “¿Alguna experiencia?”

Yo: “Ninguna”

Por autocar podría posicionarme en Alicante (Camino de la Lana y Camino de Levante) o Almería (Camino Mozárabe).

Hasta Alicante podía llevar la bici entera si cabía en el compartimento de las maletas cosa bastante probable porque a determinadas horas apenas hay pasajeros y menos que lleven maletas. En dirección a Almería no era posible. Había que desarmar y empaquetar.

Decidido, hacia Alicante y desde allí seguir el Camino de la Lana que pasaba por Cuenca donde hay MD. Importante para mí pues en ese momento ya estaba decidido que la etapa familiar se haría desde Madrid reiniciando el Camino con este nombre y cuyo punto final con la familia de acompañante sería Segovia después de pasar la cumbre de la mítica Fuenfría.

Es decir abandonaría el Camino de la Lana y me trasladaría a Madrid con la bici y para eso necesitaba el MD que saliendo de Valencia debería abordar en Cuenca hasta Aranjuez. Luego habría que hacer transbordo al Cercanías con el que posicionarme exactamente en la estación de Majadahonda.

Por supuesto que ya tenía una bici en San Javier antes de ir a Decathlon a comprarme la que finalmente usé. Era un regalo de mi hermano Jose, una Rockrider de no menos de 15 años,  y con ella me hice un año antes parte importante del Camino del Norte. No estaba especialmente preparado para mover ese armatoste de hierro por Asturias y Galicia pero lo conseguí.

Tengo que resaltar la enorme ternura con que otros biciperegrinos me miraban cuando me adelantaban como una exhalación  en medio de una etapa o cuando acababa esta en el albergue de turno. No me cabe la menor duda que su pensamiento venía a decir eso de: “¿pero dónde va este yayo? Le va a dar algo.”

Después de ese viaje fui consciente de que andaba algo obsoleto en eso de las bicis de ruta. Tenía que modernizarme y buscando lo más asequible a mi bolsillo me puse en manos de los expertos siendo finalmente Decathlon quien me convenció y no solo por el coste de la máquina.

Un argumento determinante fue precisamente el propio camino físico, es decir el lugar por donde se supone debería rodar con la bici hasta llegar a Santiago

Escuchar nombres como el de  Barranco del Infierno (Barranc de l’Infern), en la propia provincia de Alicante, nada más salir, me producía cierto agotamiento físico. Según parece barrancos como este, localizado en Pego (Alicante), es normal a lo largo del Camino de la Lana ortodoxo normalmente diseñado con criterio de 0 asfalto y por lo tanto para auténticos atletas de la bici de montaña.

El sentido común lo pusieron los expertos biciruteros de Decathlon, con muchos kilómetros en sus piernas, cuando me dijeron: “España tiene muchos pueblos vacíos y en consonancia caminos, buenos caminos, incluso asfaltados, donde apenas te cruzas con algún vehículo motorizado… Úsalos”.

Podía hacerme el Camino usando estas vías, que no dejan de ser muchas de ellas carreteras comarcales o locales que unen pueblos, donde apenas hay tráfico.

Eso sí, pude comprobar que para ubicarme en la ruta deseada haciendo uso de ese camino vecinal o carretera local resultaba complejo si recurría a la información que pudiese proporcionarme el paisano de turno, habitante de la localidad de partida pues, salvo rutero deportivo o jubilado andarín, tendía a dirigirte a la autovía de turno sin percatarse que con la sola presencia de la bici a mi lado se entendía que lo que buscaba era la ruta alternativa normalmente la primitiva. Conclusión…, mucha gente no entiende lo de desplazarse entre pueblos si no es con el coche por medio y por supuesto a toda pastilla.

Esto, que como pude comprobar era la norma  a lo largo del casi todo el Camino, en concreto Alicante y las 2 Castillas, cambia en Galicia donde el tránsito de vehículos pesados, no sé si por falta de autovías, es intensísimo en carreteras donde apenas caben dos coches. Circular en bici es todo un peligro para el ciclista si no fuera porque existe la alternativa de la Red Eurovelo que cogí nada más empalmar con Melide (Galicia) procedente de Lugo.

Decidido. Haría uso de los caminos con pavimento duro y/o carretera asfaltada y para ello nada mejor que una bici de las llamadas híbridas a la que reforcé la cámara con gel por consejo de los expertos y que como pude comprobar no me sirvió de mucho cuando tuve que pisar un camino de esos que normalmente usan los agricultores para sacar la naranja. Una astilla afilada y minúscula atravesó la cubierta y la goma. Pinché. Y eso fue precisamente nada más salir de Alicante. Pero es otro tema que relataré en el siguiente capítulo.

Mientras tanto quiero presentaros la bici que usé:

Y sus características:

BICICLETA TREKKING RIVERSIDE 500 ALUMINIO 28 PULGADAS 9V GRIS ROJO

Pero lo mejor su precio.

Y  que después de armarla con los complementos de rigor, los imprescindibles, pues más allá no sabría cómo usar (como por ejemplo todo lo relacionado con el tema tracking), quedó de la siguiente guisa.

Pienso que a todos los efectos, y admitiendo que te pueden engañar o simplemente  equivocarse, es mejor preguntar por dónde anda el Camino.

Más vale que te engañe o se equivoque un paisano que una máquina.

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Camino de Santiago desde Alicante: Prologo

Tuve que dejar precipitadamente el camino aragonés a Santiago de Compostela a la altura de Artieda (Aragón) allá por Marzo. La razón el estado de alarma. Retorné a San Javier (Murcia) vía Pamplona para confinarme. Pero cuando llegó Junio ya se veía que lo del estado de alarma, las fases, se acababan y yo, como a otros muchos caminantes, nos pedía el cuerpo volver al Camino.

Claro que no iba a ser lo mismo. Bastó descolgar el teléfono y llamar a la asociación de Alicante para ponerte las cosas muy claras. No habrá nada en el Camino que te pueda ayudar. Es decir los albergues, los hospitalarios. Por precaución y por falta de ganas, no sin cierta lógica, iban a permanecer cerrados durante el verano y por lo que se intuye…, por bastante tiempo.

Total que la cosa era hacerlo acudiendo a la “hospitalidad” privada, que como todo el mundo sabe no es lo mismo ni lo más barato si multiplicamos las etapas por el precio medio por pernocta. Además de otros gastos.

No es que renuncie a lo privado, al contrario, pero si me gusta ponerlo como premio eso de darse un gran homenaje en determinados momentos del Camino, por ejemplo al final, donde disfrutar de esa buena cama, la privacidad, el baño y esa cena/desayuno al precio que sea. Y que en cualquier caso, como es mi caso, no se puede pagar todos los días. Más bien poco días.

La conclusión es que los 1.100 kms que hay desde Alicante a Santiago a base de pernoctas en hostales/hoteles privados a unos 30-40 € de media no es nada barato salvo que reduzcas las mismas lo que supone hacer tramos que cubran muchos kilómetros y esto solo es posible si uno recurre a la bici como medio para recorrer el Camino.

Pongo en contexto que mi objetivo después de 3 meses de encierro era llevar a cabo el Camino tal como había pasado el estado de alarma, es decir solo.

También es cierto que había intentado la compañía de algún hijo que con buen criterio declinaron la oferta dejando esta reducida al acompañamiento en alguna(s) etapa(s)  y al encuentro al final del final del Camino para pasar las vacaciones en la Costa da Morte.

Finalmente el principio del Camino no iba a ser otro que desde Alicante pues me convenció la idea de conocer de cerca como es el interior de los territorios que se atraviesan paso a paso  mirados bajo la óptica de un ciclista con poca prisa que era lo que al fin y al cabo dictaban mis piernas.

Conozco obviamente Alicante, Albacete, Cuenca, Guadalajara, Soria y Burgos, es decir todas las provincias que tocas camino de Burgos (capital), conocido como Camino de la Lana, antes de enlazar con el Camino Francés…, pero en coche haciendo turismo o por trabajo.  Tocaba hacerlo de forma lenta, huyendo lo más posible del asfalto y buscando eso que llaman la España vaciada por si en algún momento decido cambiar mi actual punto de retiro. Por eso elegí Alicante como punto de partida.

Y la fecha la que tocó después de muchas valoraciones con las que encajar todas las piezas del puzle. Es decir número de etapas, las etapas del Camino a compartir con hijos, llegada a Corcubión (Galicia) donde pasar unos días con hijos y nietos que sin duda llevaban sus propios cálculos de periodo de vacaciones, tiempo, reserva apartamento, dinero, etc.

El día elegido fue el 16 de Julio tiempo suficiente para prepararme desde que pensé en retomar el Camino a mediados de Junio. Y de eso toca el siguiente capítulo de esta crónica…., de la preparación.

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Miña terra galega….

Pues para no perder las buenas costumbres, el mismo 31 de julio, fecha de inicio de mis vacaciones, cargamos el coche y pusimos rumbo a tierras orensanas ¡¡¡¡Otra vez unas vacaciones por el norte!!!

Y sí, apenas 5 horas después, aparcamos el coche en la casa rural Casa do Comediante, cercana a la Ribera Sacra, nos pusimos un jersey fino y degustamos una primera botella del vino que producía la casa. Todo contemplando los montes orensanos….Habíamos llegado al norte, habíamos llegado al paraíso.

A la mañana siguiente, con las primeras luces del día, salí a trotar un poco por la zona ¡Qué gozada! Corría rodeado de verdes prado, de una fresca neblina que todo lo envolvía y refrescaba, del olor a prados recién segados, a bosta de vaca….

Bien desayunados, decidimos realizar la primera de la muchas excursiones que nos esperaban; las Pasarelas sobre el Río Mao.

Se trata de una ruta circular, del alrededor de 10 kilómetros (con los niños NO la completamos ni por asomo), que recorre los cañones del Río Mao, próximo a la desembocadura del Río Sil.

Cada tramo es espectacular, un deleite para la vista por los tesoros naturales y los vestigios históricos  presentes en todo el recorrido.

No es una ruta difícil de hacer. Sí nos dijeron que con mucho calor, junto con la humedad de la zona, sí  podía hacerse un poco pesada en los meses más calurosos de verano. No obstante, siempre nos podemos pegar una zambullida en las refrescantes aguas del cañón.

El único punto negativo de la ruta es que la encontré tremendamente sucia, llena de plásticos y basura abandonada. No deja de sorprenderme la gente que pasea por un entorno natural e histórico de estas características  y no se lleve su basura consigo.

También creo que la Xunta (o alguna iniciativa privada local) debería organizar batidas de limpieza regulares en puntos tan singulares y de interés turístico.

El resto del fin de semana trascurrió plácidamente entre baños en el Sil, comilonas muy gallegas, a base de productos locales, y con las obligadas visitas a las bodegas y viñedos de esta zona tan particular. Y digo particular porque lo característico de esta comarca vitivinícola son los cultivos en las escarpadas laderas de la montaña, donde los viñedos se reparten por bancales, para facilitar el trabajo, y con la permanente presencia del río en esta idílica estampa.

Con profundo pesar abandonamos estas tierras interiores para dirigirnos a nuestro destino final; Corcubión, villa histórica localizada a orillas de la ría del mismo nombre. Dicha localidad se encuentra en un pequeña península que se adentra en el mar, de costa rocosa, salvo el arenal de la playa principal de Quenxe, y cubierta con un tupido manto vegetal.

Como hemos comentado antes, esta pequeña villa tiene una larga historia vinculada a la peregrinación a Santiago de Compostela (y se mantiene). Parada y fonda obligatoria de muchos viajeros, antes de llegar a Finisterre, que transitan por esta ruta buscando algo de la vida. El Camino siempre te lo da….

También estuvo relacionada, a lo largo de los siglos, con varios episodios bélicos de la historia de nuestro país. Particularmente me parece muy interesante la relación de la villa con el navío San Ignacio de Loyola, alias Glorioso, y las múltiples batallas navales que tuvo con la flota inglesa en distintos puntos del Atlántico. Corcubión se convirtió en puerto de abastecimiento y reparaciones de este imponente navío de guerra de la Armada. El Glorioso forjó su leyenda a sangre y fuego sobre estas bravas aguas.

Por toda estas cosas,merece la pena pasear por lo que queda del casco histórico de la villa y sentarse en algún bar a tomarse una cerveza o un vino blanco bien frío, acompañado siempre de una buena tapa.

A la mañana siguiente, con otro esplendoroso día sobre nuestras cabezas, decidimos hacer una excursión al mítico Cabo de Finisterre.

Este lugar aúna la belleza de un entorno natural único con trazos de historias apasionantes ; el final de la tierra para los romanos, una referencia  geográfica clave en la “costa de los naufragios”, el final del Camino de Santiago…..Merece la pena deleitarse con el paisaje, imaginando como se vivirían esas experiencias vitales hace siglos . 

Atardecer en Finisterre

De camino “al fin del mundo” visitamos la salvaje Praia do Rostro; enclave escogido por los kite surfers, surferos y corcheros para volar sobre sus tablas. La integración del sistema de dunas con en el paisaje verde del clima atlántico es algo muy característico de este tramo costero.

El nuevo día trajo dos visitas obligadas en los márgenes opuestos de la ría; cascada de Ézaro y la Playa de Carnota.

La primera merece más la pena durante los meses más lluviosos del año. Con caudal este salto de agua debe ser impresionante; un salto al vacío de más de 40 metros de altura para unir las aguas continentales con el océano.

Ézaro

Desde este mismo punto se puede contemplar las estribaciones del mítico Monte Pindo, una mole granítica que se eleva más de 600 metros sobre el nivel del mar, que fue lugar de culto para los pueblos celtas.

Otro enclave mágico de esta zona costera privilegiada, donde se mezcla lo espiritual con lo terrenal.

Una de mis playas favoritas, de todas las que he visitado en mi vida, es la de Carnota. Las razones son varias; la primera es que me trae muy buenos recuerdos, por lo bien que lo he pasado y la buena compañía que he tenido. La segunda es que es una playa semisalvaje, inmensa, de unos 7 km de largo y hasta 500 metros de ancho durante la bajamar. Te da la sensación de ser inabarcable…..(Me recuerda mucho a Fraser Island, otro pasote de sitio). Pero lo que verdaderamente me maravilla de este lugar es por la misma estructura que tiene la playa. Combina un sistema de dunas a lo largo de todo su recorrido, con una zona de marismas, en unos de sus extremos (refugio natural de muchas aves), y que cuenta también con la desembocadura de un río donde, conjuntamente con la acción de las mareas, se dibujan paisajes únicos entre la arena y las rocas.

Carnota

Para concluir esta maravillosa jornada visitamos restaurante Mar de Cregas, en la aldea de Caldebarcos. Otro placer para los sentidos.

Saliendo un poco del circuito de playas espectaculares, pero sólo momentáneamente,  nos acercamos a la cercana localidad de Muros.

Otra villa histórica, que data del S XIII, con un pasado apasionante lleno de batallas épicas para defenderse de las incursiones de los piratas, primero, y de las tropas napoleónicas después.

Su ría ha sido cementerio de bravos marinos e infantes que dieron su vida tiempo atrás. Los pecios salpican esta parte de la costa, como cementerio marino de nuestra historia.

Arraigada también en la tradición pesquera, se montaron en la villa importantes industrias de salazón, lo que constituyó un importante motor económico en la región.

Por todas estas particularidades, tiene hoy Muros la categoría de conjunto histórico artístico. Perderse por sus estrechas calles es altamente recomendable, acompañados siempre por el olor a mar, que envuelve cada rincón, y por sus dicharacheras gentes siempre acogedoras con los forasteros.

Muros

Antes de regresar a Corcubión, bordeando la carretera de la costa, nos dimos un último baño en la playa de Lariño.

Esta playa, linde entre el término municipal de Carnota y Muros, vuelve a ser espectacular.

En la zona norte de la playa, desaparece la lengua de arena, para dar paso a un tramo costero rocoso, salpicado de pequeñas calitas y piscinas naturales donde los críos y mayores alucinarán con la fauna costera.La bajada de la marea crea entre las rocas verdaderos acuarios de agua salada.

Si lo que se busca son sensaciones “surferas”, veo obligada la visitan a la playa de Nemiña. Lugar mítico del surf/body nacional e internacional y que cada año acoge a amantes de estos deportes de deslizamiento en distintas competiciones.

La amplitud de la playa permite divisar en la lontananza, desde distintos puntos, las localidades de Muxia, Cee y Fisterra.

Es uno de los márgenes de la playa desemboca el rio Castro,  emplazamiento muy apreciado por los pescadores de caña para la captura de lubina. Suelen verse a estos, durante la bajamar, irguiendo sus cañas hacia el cielo y sacando sus preciadas capturas de manera bastante regular.

Espectaculares las vistas, y la comida también, del chiringuito montado en una de las laderas de la playa. Una cerveza Estrella bien fría, el viento y el sol besándote la cara, los surferos cogiendo olas en acompasada armonía, el río, los tranquilos paseantes….Idílica estampa del litoral gallego.

Gures

No quisiera olvidarme en este relato mencionar otras playas “menores” que visitamos. Cercana a Corcubión tenemos la playa A Coviña que se me asemeja, en cierta manera, a una cala balear. Es rocosa, rodeada de pinos y con una aproximación casi vertical. No es muy cómoda, la verdad, pero eso garantiza el estar sólo. La gente suele hacer nudismo, dado su aislamiento.

La otra playa que frecuentamos mucho esos días de verano fue Gures, cercana a la localidad de Ézaro. Mirando, también, a la ría de Corcubión, esta playa es la escogida por muchas familias de la zona para pasar el día. Aguas tranquilas, arena, zona rocosa donde pescar y explorar y mucha sombra gracias a la cobertura vegetal que rodea a la playa.

A Coviña

Cerramos nuestras vacaciones en “miña terra galega” con una quedada con viejos amigos Cochete, José María y mi primo Pablo. El lugar escogido el surf camp de la playa de Barrañan; divertido punto de encuentro de los surfistas coruñeses, donde coger olas y tomarse unos tragos al atardecer en una cómoda zona chill out. Plan apto para todas la edades porque hasta los más críos pueden encontrar amplias zonas de esparcimiento y diversas actividades, al margen de las olas.

Y es que el norte peninsular tira mucho. Aúna todo lo que demandamos en familia; cultura, gastronomía, deporte, naturaleza, poca masificación y fresquito veraniego.

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A orillas del Neckar

Pues esta vez la familia, menos el más pequeño que se quedó en Madrid, puso rumbo al norte del norte; Heildelberg, en Alemania.

Aterrizamos en el aeropuerto internacional de Frankfurt a media mañana. El día era gélido, como se espera  de centro Europa en esta época del año.

A la intemperie, durante los 30 minutos en los que aguantamos las inclemencias del tiempo, esperamos el autobús de línea que nos tenía que llevar hasta esta pequeña ciudad del suroeste de Alemania. La verdad es que esta parada de autobús era un poco “inesperada” para tratarse de la siempre eficiente Alemania.

Llegamos a nuestro destino, justo a la hora de comer (alemana), donde mi prima Ixil nos aguardaba con un humeante plato de lentejas. Por cierto, un luminoso sol de invierno apareció en el acerado cielo.

Buscando aprovechar el buen tiempo, salimos a tomarnos el postre por las calles de Heidelberg. Nuestro primer paseo trascurrió paralelamente al rio Neckar, por la calle peatonal principal de la ciudad que se dice es las más larga de toda Europa, donde las tiendas y mercados navideños se agolpan a cada lado.

Si uno se pierde por las calles aledañas encuentra rincones mucho más agradables y menos concurridos. De hecho, nos tomamos un magnífico café (de los mejores de mi vida) y una deliciosa tarta casera en una pequeña cafetería regentada por unos venezolanos. El sitio es muy reconocible porque cuelgan su bandera en uno de los ventanales que da a la calle y también porque tuestan el café a la vista de todo el mundo dentro del establecimiento. Cafés latinoamericanos preferentemente y con garantías de comercio justo. Esa es su filosofía.

De este paseo vespertino me gustó mucho también el Puente Viejo y las vistas que ofrece de la parte vieja de la ciudad y del Camino de los Filósofos, al otro lado del río.

Existe en este punto de la ciudad una divertida anécdota sobre una escultura de  mono, que custodia la entrada al puente y con la cual uno puede fotografiarse con su desagradable culo. Parece ser que esta zona  fue frontera entre Alemania y Francia , llegando los vecinos franceses a estar en la otra orilla del río  Neckar. Esta escultura daba la bienvenida a los invasores enseñando su feo ojete de mandril.

Como el frío arreciaba, decidimos darnos una vuelta por una mítica tienda de accesorios navideñas cercana a la calle peatonal. Una delicia para los amantes de esta época del año y para los críos. Sí hay que reconocer también que los precios estaban bastantes inflados también con respecto a lo que tradicionalmente conocemos en España.

Y para celebrar esta primera andanada navideña nos metimos en una cervecería clásica a degustar un buen surtido de cervezas. Curiosamente la sirven fresca, pero no fría, que es costumbre en los países más cálidos.

La jornada siguiente comenzó con un espectacular paseo mañanero por el Camino de los Filósofos, sencilla ruta cercana a Hildelberg, que inspiró a muchos pensadores alemanas.

En esta época del año es particularmente impresionante. El bosque se tiñe de tonalidades rojizas y anaranjadas.  Hay tanta humedad que crecen por doquier infinidad de setas en cada rincón, cada una con sus propias formas y colores. Es un bosque silencioso; apenas se escuchaban nuestros pasos porque todo el suelo está cubierto por  las hojas caídas de los árboles. Los troncos y ramas caídas también están vestidas del verde fosforito del musgo. Un verdadero deleite para los sentidos.

Después de tanta belleza, llegamos a un lugar sobrecogedor;  en la cima de esta colina, se abre a cielo abierto, un inmenso teatro nazi. El régimen nacionalsocialista se reunía con sus juventudes para hablar de la raza y la gran Alemania.

Este punto, cargado de energía, también lo utilizaron los celtas previamente para sus reuniones entre clanes.

Unos metros más arriba, también descansan las ruinas de una antigua abadía sobre una inmensa explanada.  En el centro de la construcción, un túmulo rodeado de flores y velas artificiales guarda los restos del que fuera abad de este complejo en el siglo XI.

El paseo mañanero tan agradable dio paso a un hambre atroz. Por fortuna, y siguiendo lo planeado, el final de nuestra ruta nos condujo a una antigua abadía donde todavía preparan su propia cerveza y las tradicionales salchichas alemanas con chucrut y puré de patatas. Así que comimos copiosamente  en una larga mesa corrida de madera al calor de las estufas.

A la mañana siguiente nos levantamos todos bien temprano para visitar la cercana localidad de Ladenburg, a escasos 20 minutos en tren. El principal atractivo de esta visita es pasear por sus calles y disfrutar de la típica arquitectura rural alemana de esta parte del país. Integrado en el casco histórico del pueblo se encuentran unas antiguas ruinas romanas que datan del 200 a. C. Otra curiosidad de este sitio es que fue la cuna del Sr. Benz, inventor del primer vehículo de la historia, impulsado por un motor de combustión interna.

Cerramos otra maravillosa jornada comiendo platos típicos de la región, incluidas las deliciosas tartas caseras, regados siempre con buena cerveza.

Nuestro último día no dio para mucho más que para comprar los clásicos detalles navideños a la familia.

Así, en otra fría mañana de invierno alemana, nos despedimos de mi familia y dejamos Hildelberg.

¡Hasta pronto!

 

 

 

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Nuevas vacaciones estivales de una familia más amplia.

Pues esta vez hemos “estirado” las vacaciones todo lo que hemos podido y nos hemos movido por  diversas zonas del territorio nacional en muy poquito tiempo. Vamos a seguir el orden cronológico de los acontecimientos….

En pleno mes de julio, todo la familia preparó las maletas y puso rumbo a Palma de Mallorca. Íbamos a visitar a un familiar nuestro que, reiteradamente, nos había invitado a visitar la isla. El trayecto de ida, de escasos 60 minutos, fue un infierno gracias al pequeño Leo, que protestó todo lo que pudo, saltó, chilló y pegó al pasajero sentado delante de mío. Al igual que Matías en su primera experiencia aérea, fue un auténtico bochorno viajar en avión.

La primera impresión de Alaró, lugar en el que reside mi primo Manolón, fue maravillosa; un pequeño pueblo enclavado en las primeras estribaciones montañosas de la Sierra de la Tramontana y que sirve de entrada a este basto espacio natural donde la imponente cadena montañesa se abraza con el Mar Mediterráneo. Esta unión crea un espacio único, de bosque típicamente Mediterráneo, que llega hasta la orilla del mar, con pequeñas calas de aguas turquesas escondidas entre altas paredes, profundas cuevas, pueblos integrados en perfecta armonía con el entorno…

Muy agradable el centro de la villa, donde se encuentra la Iglesia de Sant Bertomeu, y la plaza que la rodea. Este lugar era el escogido cada mañana para tomarnos un buen pan con aceite y tomate, acompañado de aceitunas y guindillas frescas. Los fines de semana ponen además un pequeño mercadillo donde venden fruta, verduras y las típicas cestas de mimbre que utilizan con regularidad en la isla. Vamos, una gozada dejar pasar las horas en este sitio.

La otra visita obligada es al Castillo de Alaró, desde donde disfrutar de unas espectaculares vistas de la Sierra de la Tramontana y del Valle de Palma.

En la primera jornada completa en la isla visitamos dos puntos cercanos: El primero de ellos fue Cala Deia, una agradable calita de roca donde nos pegamos nuestra primera zambullida en el mar del año. Había bastante gente, lo lógico en julio, y salvo que no se llegue a primera hora de la mañana el aparcamiento puede ser complicado. Tienes algunos divertidos saltos al mar y un interesante recorrido para nadar con máscara y tubo.

Por la tarde paseamos por la generalmente tranquila localidad de Valdemosa, situada en el interior de la parte occidental de la isla. Callejuelas pequeñas empedradas, bicicletas antiguas tiradas sobre viejos muros ,tiendas de alimentación estéticamente impecable….Todo es bonito. Todo es una postal, imagino que mejorada con la llegada del turismo masivo de los meses de verano. 

Cercana a la localidad de Betlem se encuentra una de las calas más bonitas que visitamos en Palma: Cala Na Clara. Aquí pasamos nuestro segundo día. Tras un paseíto de unos 15 minutos, con un vertiginoso descenso final hasta la playa, llegamos a una zona de baño de aguas transparentes, donde se entremezclaban las tonalidades turquesas (de los fondos arenosos) con las más oscuras (campos de posidonia). La playa es de roca, con pequeños mantos de arena, y los pinos cubren la parte superior de los acantilados que resguardan el lugar . Con la puesta del sol los colores cambian y las paredes se vuelven anaranjadas, dándole más calidez si cabe a esta estampa Mediterránea.

Tras un caluroso día de playa decidimos  acercarnos a uno de los pueblos de montaña más bonito de toda la isla; Fornalutx. Está situado en el Valle de Sóller y bajo el cobijo del Puig Mayor. Pertenece a la Asociación de Municipios más bonitos de España. Por algo será…

Nuestro siguiente día transcurrió, enteramente, en compañía de mi primo Manolón en la playa de fina arena blanca de Son Real. Aunque el lugar es bastante espectacular, con tristeza mi hijo Matías y yo comprobamos el nivel de deterioro de nuestros mares. Tuvimos la suerte de contemplar mientras buceábamos un par de cefalópodos que, tristemente, trataban de esconderse de nosotros entre un mar de plásticos. Salimos del agua con las manos y bolsillos llenos de trozos de plásticos de todos los tamaños. Componentes que muchos animales ingieren causándoles una lenta  muerte. Todos los animales de la cadena trófica se ven afectados, desde los predadores más grandes hasta los organismos más pequeños. Incluso nosotros tampoco nos libramos de esta lacra.

El último día, antes de coger el avión de vuelta hacia la península, decimos explorar el norte de la isla, en concreto la Cala San Vicente, cercana a Pollensa. Otra bonita zona pero excesivamente urbanizada para mi gusto. Paradójicamente fue aquí donde encontramos el agua más limpia y más abundancia de especies marinas. Además la orografía de la costa, hizo las delicias de la familia durante nuestro baño.

Mallorca sigue siendo una de las grandes joyas del Mediterráneo pero la afluencia  masiva de turistas, que recibe durante muchos meses al año, amenaza el equilibrio entre desarrollo económico y medio ambiente. Se generan muchos residuos, se demanda agua, hay una inmensa flota de vehículos recorriendo diariamente la isla…………..¿Aguantará Mallorca?

Tras pasar unos días en el tórrido Madrid (¡qué pereza!) Matías y yo decidimos subirnos a los Pirineos para hacernos algún barranco.

Después de instalarnos en el camping de Alquezar, situado a escasos 1000 metros de este hermoso pueblo, decidimos bajarnos a las Pasarelas para pegarnos un baño en el Río Vero. Nuestra sorpresa fue mayúscula cuando comprobamos que esta ruta de escasos kilómetros y la cual habíamos recorrido un año antes sin problemas, se había convertido de pago. El importe es de 4€, cantidad que se destina al mantenimiento de las infraestructuras y a la limpieza del lugar. Sí es cierto que esta medida “disuasoria” es necesaria porque el personal vuelve a ser muy irresponsable con el entorno.

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La jornada siguiente transcurrió enteramente en una  ruta circular que comenzó con un ascenso parcial del Río Vero, hasta un caos de rocas que nos impidió avanzar. Volvimos entonces sobre nuestros pasos y nos dirigimos al pueblo de Asque, rodeado de bancales llenos almendros y olivos, para finalmente regresar a Alquezar por el puente romano. Una ruta muy atractiva que muestra los más característico de este paisaje pre pirenaico.

Agotados, hicimos un último esfuerzo por acercarnos a conocer Rodellar, mítico emplazamiento para los escaladores deportivos de medio mundo. Vías de roca caliza, desplomadas y sólo aptas para escaladores experimentados. Se respiraba una atmósfera muy auténtica en el pueblo. Muy recomendable tomarse un café de tarde  en el Refugio para Escaladores Kalandraka disfrutando de las vistas de los barrancos que rodean esta localidad.

Por fin, en nuestro último día de estancia, tuvimos la oportunidad de hacer el Barranco de la Peonera con nuestros amigos de Guías de Buenaventura de Alquezar. Lo digo con alivio porque aquellos días, con un clima impredecible debido a las tormentas veraniegas, ponían en riesgo la actividad. En un barranco, cayendo mucha agua, uno no debe meterse por seguridad.

Nuestro último día acudimos a nuestra cita con el barranco. Tiene una aproximación bastante relajada, aunque en los metros finales, hasta el río, el desnivel se acrecienta. Existe un paso donde hay que aferrarse a la pared que está equipada con escalones y agarraderas a modo de vía ferrata.

La Peonera es un barranco acuático, lleno de saltos, toboganes y sifones. Se divide en dos tramos claramente diferenciadas: El Estrecho de los Fornazos, de indescriptible belleza por el encajonamiento del río entre altas paredes, y la parte inferior, pasado las Fuentes de Tamara, donde se encuentran los saltos más imponentes de todo el recorrido. Recalcar que el salto desde la presa de Bierge ha quedado absolutamente prohibido por razones obvias de seguridad. El recorrido total es de unas 5 horas, incluida la parada para almorzar, tiempo en el cual viviremos una alucinación permanente por lo bonito del paraje.

Nuestra última parada vacacional fue en “nuestra segunda casa” en Puente Miera, Asturias. Otra semanita en compañía de la familia, los verdes prados, cabañas, montañas, playas increíbles……En fin, para mí Asturias es un paraíso.

Lo más destacable de esos días fue la segunda edición del Descenso de Sella a Nado en la que participamos. Debido a las malas condiciones climatológicas hubo muchas retiradas antes y durante la carrera, donde la Cruz Roja sacó del agua a los nadadores con más problemas. Es una bonita experiencia este tipo de eventos, porque supone la oportunidad de nadar en sitios normalmente prohibidos.

El resto de la semana suele trascurrir alternándose los paseos en “nuestro” valle, que es un sitio que te atrapa por su belleza, ya que está salpicado de rincones realmente bonitos, y las escapadas a las zonas costeras.

Como siempre, el tradicional concurso de arroces, evento gastronómico indispensable después de tanto cachopo, fabes y sidra, fue un auténtico éxito.

Y quiero cerrar este reportaje haciendo mención a uno de mis restaurantes favoritos; El Tozu, un restaurante que fusiona cocina chilena y asturiana, enclavado en un entorno típico asturiano, con magníficas vistas a los profundo valles que rodean esta localidad de mismo nombre . ¡Indispensable!

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